La exageración deliberada sólo debe utilizarse en la presentación de un tema serio cuando la argumentación con respecto a éste sea poco consistente. «Si decir alguna cosa resulta estúpido, cántela», dice el libretista de ópera. «Cuando un discurso carece de lógica y argumentación», afirma el orador experimentado, «es posible que vociferando, exagerando y abogando vigorosamente por el caso, se llegue a insensibilizar la mente de los que escuchan».
Este tipo de comportamiento, que constituye el último recurso del defensor de una causa, sólo debe utilizarse in extremis. De lo contrario, las exageraciones se volverán contra el orador... causarán risa... y echarán a perder la situación. Veamos dos desastrosos ejemplos:
Las palabras, al igual que las drogas, pueden ser muy beneficiosas en la cantidad y dosificación adecuadas. El exceso y el enviciamiento pueden provocar la muerte. La moderación siempre es provechosa.
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