Algunas mentes brillantes pueden captar y mantener la atención de un auditorio con una oratoria complicada y deficientemente construida. El sentido y la sinceridad son tan evidentes que todo lo demás se perdona.
Sin embargo, para el hombre de negocios que desea pronunciar un discurso práctico, para la persona normal que debe afrontar una alocución especialmente importante, o para el orador tímido o inseguro que se ve obligado a hablar en público, la estructura del discurso tiene una importancia vital.

Todo discurso puede dividirse en tres partes: la apertura, el cuerpo y la conclusión. Las analizaremos una por una. La primera y la última frase del discurso son fundamentales. Nunca debe subestimarse la importancia que tiene la claridad, la resonancia y el impacto de la primera frase, así como el desarrollo bien articulado del epílogo. Hay que captar la atención del público desde el principio y concluir dejando una buena sensación. Por eso, cuando construya la estructura de un discurso será necesario dedicar algún tiempo a «pulirlo» y «rematarlo». Muchos oradores experimentados copian en un papel las frases de apertura y conclusión, y dejan el resto sin prefijar.
Imaginemos ahora que usted ha iniciado su comunicación con su auditorio. Ya ha expresado su agradecimiento por la invitación a hablar, ha hecho algunas alusiones a cuestiones de actualidad, ha formulado algunas observaciones personales, algunos comentarios jocosos y los saludos de rigor a los viejos amigos. Ahora se inicia la parte sustancial del discurso, sea éste del tipo que sea. Sus palabras deben fluir.
Al igual que los buenos libros y artículos, la mayoría de los buenos discursos comienzan su parte sustancial con un párrafo introductorio general que resume lo que se va a decir. Este párrafo capta la atención del auditorio e indica el hilo del pensamiento del orador. A continuación deben ordenarse las ideas de forma secuencial, sucediéndose unas y otras con arreglo a una estructura lógica.
Así pues, hay que anotar los puntos que se desea exponer y, a continuación, clasificarlos en un orden lógico, de forma que fluyan sucesivamente uno de otro. Se pueden relacionar, si se quiere, con un tema general. Comience con ese tema y desarróllelo después, punto por punto.
Supongamos, por ejemplo, que está usted explicando las virtudes de un nuevo producto al personal de su departamento de ventas. Comenzará de la forma habitual, pidiendo silencio, sonriendo, mirando a su auditorio, y diciendo:
«Señoras y señores, miembros del departamento de ventas de la empresa X... Es un placer verles hoy aquí, a pesar de nuestro disgusto por privar de los buenos servicios de todos ustedes a los clientes de la empresa...». Se dirige al señor Y y al señor Z, llamándoles por su nombre, y les felicita por sus éxitos. Intenta que su auditorio se sienta a gusto. Les cuenta un chiste o una anécdota y a continuación entra de lleno en materia.«Les he reunido hoy para presentarles nuestro nuevo producto» (el tema se anticipa en una sola frase). «Nuestro departamento de investigación lo acaba de elaborar y ahora ustedes deben venderlo. Si comprenden y explotan todas sus posibilidades, no sólo incrementarían los beneficios de la empresa, sino que podrán aumentar, considerablemente, sus propios ingresos.»

El mensaje debe personalizarse. Sus palabras han de representar un auténtico estímulo para los que le escuchan. Tiene que despertar el interés por lo que se va a decir a continuación.
Ahora comienza el discurso propiamente dicho. En primer lugar, denomine y describa al producto en términos generales. Después haga una descripción más detallada, preferiblemente con la ayuda de diagramas, transparencias o diapositivas. Continúe con las características de venta, enumerándolas una por una: «Las siguientes características son totalmente nuevas...» Enúncielas y explíquelas con detalle. «Estas otras características se han mantenido, pues son demasiado valiosas para que se pierdan...» (mantenga, una vez más, la secuencia lógica).
«Así pues, señoras y señores, ya tenemos nuestro nuevo producto y ustedes han sido los primeros en verlo. La semana que viene recibirán los folletos y demás documentación comercial. Sus clientes podrán disponer del producto hacia el día... Lo demás corre de su cuenta. Les deseo toda clase de éxitos».
Estas mismas reglas estructurales pueden aplicarse a cualquier otro tipo de discurso. Cuando tenga que decir unas palabras en memoria de un compañero fallecido, o para felicitar a un empleado por el 25 aniversario de su entrada en la empresa, cuando se vea obligado a pronunciar un discurso de sobremesa o a arengar a los trabajadores en la puerta de la fábrica, en cualquier circunstancia y en cualquier lugar donde tenga que hablar en público, recuerde que si la estructura del discurso es firme y consistente, aunque su cuerpo no sea todo lo fuerte que debiera ser, los receptores del mensaje lo captarán a la perfección y no se darán cuenta de las deficiencias. Por el contrario, si olvida la estructura, el discurso resultará confuso y no conducirá a nada bueno.
Finalmente amigos, les dejo unos vídeos donde se describe detalladamente la introducción que debe tener un discurso, se describen diferentes tipos de exordios, espero que lo disfruten, a mi me gustó bastante.
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